"La buena conciencia es la mejor almohada para dormir." (Socrates)

jueves, 27 de septiembre de 2012

LOS PLAY BOYS “Tanto va el cántaro a la fuente….”


Han pasado muchos años en un silencio sepulcral, pero la paciencia tiene su límite, y paciencia han tenido y más.
No se puede tratar de confundir a estas nuevas generaciones que no vivieron esa década tan bonita de los sesenta en Badajoz; en esa época, y concretamente en el año 1961, nacen Los Play Boys en nuestra capital. Como hasta esa fecha se discute hoy, aquí en este mismo blog, en el enlace que pongo a continuación, pueden ver un artículo escrito por uno de los fundadores del mítico grupo, D. José Vela Ordóñez -Pepe Vela-, publicado en el año 80 en la revista anual que con motivo de la Ferias y Fiestas de San Juan editaba el Excelentísimo Ayuntamiento de Badajoz.

Fíjense en la pagina 55 de este articulo que comienza el la 49, como le digo es parte de una revista, pues en esa pagina 55, verán que el grupo se creo en 1961.
Pues como les digo, años y años callados. Pero para mí, la chispa que ha encendido la mecha y ha dado pie al escrito que a continuación les presento han sido las manifestaciones vertidas por D. Antonio Méndez Monroy -Tony Méndez-, en la entrevista que sobre los Play Boys le realizan en la televisión autonómica Extremeña, este mismo año y a la que asistieron todos los componentes del actual grupo, creo si mal no recuerdo, emitida el 11 de mayo, como digo de este año.
En la citada entrevista, dice Tony Méndez a pregunta del entrevistador al comienzo de la misma “que él tiene información y documentos sobre el grupo del año 1960”. Algo más incierto imposible cuando el grupo se crea en 1961, como ya he demostrado.
Habla también del tema del registro  del nombre de los Play Boys, (OEMP), y cuenta una historia que se da uno cuenta de que no hay nada de verdad en la misma.





Fotografía de la actuación de los Play Boys en la Escuela de Magisterio (Badajoz)


Poco después sale a relucir el tema de un episodio con una actuación de los Play Boys en el Salón de actos de la Escuela Normal de Magisterio de Badajoz; ese día estaba yo presente como un espectador más. En esa época, ni Tony estaba con los Play Boys -ya lo ven en la fotografía- y creo que ni los conocía. Bueno, pues él dice que estaba y que le cortaron la Luz. A preguntas del entrevistador, “¿Y Vds. que hicieron?”, Tony contesta, dando por sentado que él estaba ahí, “que nada… siguieron tocando”. Algo más inverosímil imposible. ¿O las guitarras funcionaban en esa época con pilas? Así podría seguir con la entrevista y la iría deshaciendo en su casi totalidad. Me consta que, un gran amigo mío, le ha ido desmenuzando la entrevista y  ha tenido que ser retirada de su página WEB; es que solo lo de decir que cortaron la luz pero ellos siguieron tocando desautoriza el resto de la entrevista.
Molesta a los creadores del Grupo que las mentiras o medias verdades vayan siempre con la coletilla “Me lo dijo mi amigo Nico” Q.E.P.D.
No se debe  utilizar a una persona ya fallecida para dar fuerza a una aseveración, ya que lo que hace es el efecto contrario al no poder replicar esta persona.
Los nuevos o actuales Play Boys han querido adueñarse de parte o de casi toda la historia del grupo y eso ni es normal, ni es justo, ni es honrado. Los éxitos que haya cosechado el nuevo grupo que los hagan suyos, pero desde luego, ni le quiten méritos a los primeros, ni traten de adueñarse de sus éxitos ni de su historia. No quiero, ni creo incurrir en falta de educación, que no falto el respeto a nadie por contar estas verdades; cuando la Historia se cuenta tal como sucedió no puede ni debe ofenderse  nadie, ya que cada uno es responsable de sus actos.
Y sin más dilación, paso a reproducirles el escrito que me ha sido enviado por los fundadores  de los Play Boys que continúan entre nosotros y el primer incorporado al primitivo trío, que lo firman como verán:
José Vela Ordóñez, Leocadio Mendiola Rodríguez y Jesús Herrero Fuentes.
El citado escrito, ha sido publicado en la pagina de Facebook "Los Play Boys de Jesus Herrero"
LOS PLAY BOYS (Sr. Don Antonio Méndez Monroy)
Siempre hemos observado tu ineptitud y tu poca categoría como cronista o biógrafo de este, nuestro grupo, Los Play Boys. Mentiras, o verdades a medias, con el único y hasta ya molesto argumento, "me lo dijo Nico" –q.e.p.d.-.
Y últimamente la polémica con Manuel Murillo, ¡¡quien da en la diana, eh!!. Éste te demuestra que falseas información y que relatas la historia a tu capricho cuando hablas de los antecedentes históricos de nuestro grupo en algún medio, que sólo nosotros          -como únicos creadores de esa historia, y como tal historia, inalterable- hemos vivido.
Entre otras cosas intentas falsear la fecha de nacimiento del grupo.
Y reduces una parte importante de la biografía de los PB a un escaso “grupo fundado por Nico Cruz –q.e.p.d.-, Pepe Vela y Leo Mendiola y aproximadamente 12 más…”, y todo esto “por deferencia”. Cronistas de esta calaña y de tan corta talla no necesitamos.
¿Tanto trabajo cuesta citar a todos los que aportaron –en mayor o menor medida- su granito de arena al éxito y consolidación de la marca P.B.? : Jesús Herrero, primer cuarto miembro del grupo y junto con Nico, una de las dos grandes voces solistas habituales en sus inicios; Emilio Alba, Puchi Escudero –q.e.p.d.-, Paco Bandeira, Patricio Valadés, Juanín Bote, Chely Núñez, José Ramón Mejías “Mexi”, …; ¿o te hacían sombra estas personas?
Unos u otros actuaron en TVE, ganaron los festivales del Guadiana, del Atlántico, de Llerena,… con versiones o con temas originales.
Claro, en toda esa época a ti ni se te conocía siquiera en la historia de los Play Boys, en la que  has querido meterte de la manera que fuera; pero te reiteramos, la historia es inamovible e implacable, no admite medias tintas como tú pretendes.
Y es que las biografías no pueden ser tendenciosas, ni hacerse de oídas; las autorizadas las escriben o dictan sus protagonistas. En la contraportada del LP nº 18 de la Historia de la música pop española, editado en 1985 por DIAL DISCOS –que suponemos en tu poder-, y dedicado en exclusiva al grupo, figura una bastante detallada.
Todos los relatos que haces y las mentiras que citas, para estas nuevas generaciones te pueden valer, no así para aquellos que hoy cuentan con 60 o 70 años, que conocieron la verdadera trayectoria del grupo que tú quieres o aparcar a la sombra o adueñarte de sus éxitos; de verdadera vergüenza hay que calificar tu comportamiento, al menos ante estos hechos.
Habla de tu tiempo y de tus fantasías, pero aquella primera época es exclusivamente nuestra, tú no estabas, no existías. Respétala, ni la ocultes, ni la manipules, ni te apropies de ella. Tal vez, cuando hayas sabido ponerte a la altura del resto, en todos los aspectos, podrás integrarte en la nómina de personas destacadas que han pasado por los PB. Hoy, desde luego, aún no.
Firman el presente escrito en Badajoz a 21 de Septiembre de 2012.
Don. José Vela Ordoñez  
Don. Leocadio Mendiola Rodríguez  
Don.  Jesús Herrero Fuentes

CINCO LLAVES PARA ENTRAR EN LA EUCARISTÍA


Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo.


SILENCIO


El silencio es un poder. Sin él es muy difícil escuchar. Nuestras eucaristías son deficitarias en silencio. Parece como si nos violentásemos por el simple hecho de estar unos segundos sin decir nada.

El silencio es el ruido de la oración.

El silencio, después de la homilía, es interpelación.

El silencio, después de la comunión, es gratitud al Dios por tanto que nos ha dado.

En el silencio se llena todo de nuestras intenciones personales, peticiones o deseos.

La música o el canto, los símbolos y otras cosas secundarias, nunca pueden ser una especie de tapagujeros que hagan más “digerible” la eucaristía. El silencio no es ausencia de...., es cultivar un lugar para que Dios nazca.


CONTEMPLACIÓN

La Eucaristía se hace más sabrosa cuando se la contempla. En el horizonte inmenso todo parece igual, pero cuando los ojos quedan fijos en él, surgen detalles que a simple vista parecían no existir.

Con la Eucaristía ocurre lo mismo. Es un paisaje que puede parecer todos los días igual. Sentarse, relajarse, olvidarse de lo que rodea lleva al alma contemplativa, a la persona contemplativa a vivir una serie de sensaciones que es la presencia escondida de Dios.

Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose dijo: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile que me ayude”. Le respondió el Señor: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”. (Lucas 10, 38-42).


ORACIÓN

La oración y la eucaristía van de la mano como la cerradura se acciona con la llave. La eucaristía. El diálogo con Jesús se hace más fecundo después de haber escuchado la Palabra de Dios. Para que la Eucaristía resulte vibrante, no es cuestión de recurrir a la ayuda puntual del ritmo maraquero o guitarrero. En el diálogo de las personas está el crecimiento personal y comunitario. En la oración reside uno de los potenciales más grandes para entender, comprender y vivir intensamente la Eucaristía.

"Cuando oréis, no seáis como los hipócritas que son amigos de rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas, para exhibirse ante la gente. Ya han cobrado su paga, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando quieras rezar, echa la llave y rézale a tu Padre que está ahí en lo escondido; Tu Padre que ve lo escondido te recompensará" (Mt. 6, 5-6).


CARIDAD

La fuente de la caridad perfecta es la Eucaristía. La fuente de la caridad que nunca se agota ni se cansa es la Eucaristía. En ella contrastamos nuestros personales egoísmos con las grandes carencias que existen en el mundo que nos rodea. Cada día que pasa es una oportunidad que Dios nos da para ofrecer algo o parte de la riqueza material o personal que podemos tener cada uno de nosotros.

Hay dos dimensiones que nunca podemos olvidar al celebrar la eucaristía: la caridad hacia Dios y la caridad hacia los hermanos. Amar a Dios con todo el corazón y con toda nuestra alma es subirse al trampolín, para saltar y amar, aunque se nos haga duro y a veces imposible, a los más próximos a nosotros. Y, esos próximos, ¡qué lejos los tenemos muchas veces del corazón y qué cerca físicamente!

Hoy, de todas maneras, está más de moda mirar horizontalmente al hombre que verticalmente acordarnos de que Dios existe.

«Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, cercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva." ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» El dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».


ESCUCHA

Cuando Dios habla no nos da simple información: se nos revela. Su Palabra es un escáner por el que vamos conociendo el corazón de Dios, sus sentimientos, sus pensamientos y, también, lo qué tiene pensado para cada uno de nosotros. Lo qué quiere de cada uno de nosotros.

El Antiguo Testamento nos prepara a la venida de Cristo. Las epístolas y otras lecturas nos ofrecen las reflexiones de San Pablo y de otros contemporáneos sobre Jesucristo, su vida y su mensaje. El Evangelio nos da la clave de cada encuentro eucarístico. Es el punto culminante de toda la Liturgia de la Palabra. Es en este momento, cuando puestos de pie rendimos homenaje presente en la Palabra.

Le reclamaba una vez por la noche al Señor:
¿Por qué Señor no me escuchas?, si cada noche te hablo...
- ¿Por qué Señor no me atiendes?, cuando en cada momento te pido...
- ¿Por qué Señor no te veo?, si oro constantemente...
- En esta noche Señor hablo y hablo contigo, mas no siento tu presencia, ¿por qué Señor no me tomas en cuenta?


A lo que Dios contestó:
- Cada noche escucho tu clamor, cada noche trato de atender, cada noche trato de hacerme ver delante de ti, y quisiera cumplir tus deseos. Pero me hablas y pides muchas cosas, las cuales escucho con atención, sin embargo, en cuanto terminas de agradecer y de pedir lo que necesitas, terminas tu oración, sin darme oportunidad de hablar


Una conversación es un diálogo entre dos, muchas veces hablamos con Dios pero no nos damos un tiempo para escuchar su voz. ¿Alguna vez has tratado de hablar con alguien que no te deja decir ni una sola palabra? Pues bien, Dios quiere hacernos escuchar su voz y para eso necesita que le des la oportunidad de hacerlo, y solo entonces, al escuchar su voz y guardar silencio por un momento, tu oración será completa, y Dios cumplirá su promesa de darte todo aquello que pidas con fe.

Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.
Autor: J.Leoz.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ENTENDER AL HOMBRE PARA ENTENDER LA CRISIS


Autor: Pablo Cabellos Llorente

            Con gran interés, he leído una reciente Tercera de ABC, titulada "El miedo que nos gobierna", cuyo autor es Antonio Hernández-Gil. Con erudición y belleza literaria, describe la situación de nuestra sociedad de manera realistamente descarnada y con la erudición propia del  hombre de leyes. Se mueve entre la piedad que proponía Rousseau para lograr el pacto de convivencia del Contrato social y el pesimismo de un Hobbes con el estado como gran Leviatán, surgido del miedo que busca seguridad.
            Acaba inclinándose por la realidad de que vivimos en una sociedad miedosa, regida por políticos que miran más su triunfo en las siguientes elecciones que el cambio necesitado por todos. Es un artículo brillante, pero un tanto cerrado a la esperanza, que sólo mantiene en unos posibles pensadores capaces de idear un diseño mejor para nuestro mundo.
            Sería pueril que yo intentase enmendar la plana a tan magnífico artículo, pero  me voy a permitir ofertar una posible complementariedad al escrito del ilustre jurista. Se puede completar lo que dice sobre la Revolución  Francesa y la Ilustración, sobre los hombres de pensamiento que forjaron a su entender la modernidad. Cita expresamente a Descartes, Pascal, Locke, Newton, Vico. Spinoza, Hume, Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Kant. Es bien cierto que tanto estos personajes como los hechos referidos  dieron lugar a un nuevo régimen. Sus aportaciones fueron distintas y su influencia posterior también.

            Sin embargo, me atrevo a pensar en el aspecto negativo que han desarrollado esas ideas -en buena medida causa de lo que ahora sucede- porque a partir de las reflexiones de algunos de ellos se llega a este hombre moderno causante de la crisis, este hombre autónomo que, emancipado de Dios, pierde su sentido. Fue un logro la desvinculación de la sociedad respecto de las monarquías absolutas y de la Iglesia, un logro que alcanza a la misma monarquía y a la Iglesia que, desligada del poder temporal, puede sin rémoras dedicarse a lo que le es propio: ofertar las medios para alcanzar la santidad.
            Pero se produce un corte tan radical que tal vez confundió la separación de la Iglesia de los asuntos de este mundo con la liberación del hombre respecto a Dios, liberación que no es tal porque perdido el sentido, se vacía considerablemente la libertad. Algunos de esos autores -casi todos cristianos- han cooperado a la confusión del subjetivismo con la conciencia, ha sustraído de las actividades humanas toda referencia al Creador, han ido desechando la razón en beneficio de lo empírico, han originado progresivamente un Estado que lo es todo en detrimento de la persona...
            A mi entender, aquí radica en buena medida la situación de esta sociedad que se tambalea sin encontrar el lugar perdido. No persigo la vuelta a la Edad Media ni al confesionalismo religioso que ha hecho mal -en algunos casos continúa- principalmente a las religiones. Sí desearía encontrar una nueva sociedad en la que la persona ocupase el lugar que le corresponde como criatura de Dios. Y, a partir de ahí, se puede construir un nuevo orden con cabida para la esperanza. Enseguida aparecerá la objeción de que estamos en una sociedad plural en la que caben ateos y agnósticos. Por supuesto que caben, pero ahora mismo quienes estamos fuera somos los creyentes. Ahí voy.
            Hablando del personalismo de Juan Pablo II, ha escrito Juan Manuel Burgos: Si los hombres entienden qué es el bien y qué es el mal se debe exclusivamente a que lo han experimentado interiormente. Aquí es donde se encuentra el origen de la ética, lo que supone, en términos de teoría de las ciencias, que es sustancialmente autónoma con respecto a cualquier otra ciencia (y a la metafísica, en particular) ya que no toma de ninguna sus contenidos sino de una experiencia antropológica originaria. Esta filosofía personalista puede ser la aportación que se espera para construir una sociedad nueva que respete a todos.
            El personalismo surgió en la Europa de entreguerras con el objetivo de ofrecer una alternativa a las dos corrientes socio-culturales dominantes del momento: el individualismo y el colectivismo. Frente al primero, que exaltaba a un individuo autónomo y egocéntrico, remarcó la necesidad de la relación interpersonal y de la solidaridad; y frente al segundo, que supeditaba el valor de la persona a su adhesión a proyectos colectivos como el triunfo de una raza o la revolución, el valor absoluto de cada persona independientemente de sus cualidades. (Revista Española de Personalismo)
            De cara a una sociedad y unos estados vacíos de ideales, es necesario recuperar la ilusión de ser personas con la dignidad que nos corresponde, lo que probablemente sólo es posible restaurando la verdad sobre el hombre. Cualquier otra cosa sería comenzar la casa -también la economía- por el tejado. Juan Pablo II subrayó la primacía del hombre sobre los medios de producción, la primacía del trabajo sobre el capital y la primacía de la ética sobre la técnica. En el centro está la dignidad del hombre, que es siempre un fin y jamás un medio. Acierta Hernández-Gil al apelar a la razón.

domingo, 23 de septiembre de 2012

LOS PLAY BOYS DE LOS AÑOS 60



GRUPO QUE SE FUNDO EN BADAJOZ, EN 1961
 
 
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¿QUE HACE LA IGLESIA POR LA HUMANIDAD?




AQUI TIENEN UN PEQUEÑO RESUMEN DE LO QUE LA IGLESIA HACE POR TODOS
 
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LOS PLAY BOYS, Rock de la cárcel

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QUE YO NO ME PIERDA

 
Que Dios no permita que yo pierda el romanticismo, aun sabiendo que las rosas no hablan...

Que yo no pierda el optimismo, aun sabiendo que el futuro que nos espera puede no ser tan alegre...

Que yo no pierda la voluntad de vivir, aun sabiendo que la vida es, en muchos momentos, dolorosa...

Que yo no pierda la voluntad de tener grandes amigas; aun sabiendo que, con las vueltas del mundo, ellas se van de nuestras vidas...

Que yo no pierda la voluntad de ayudar a las personas, aun sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver, reconocer y retribuir, esta ayuda...

Que yo no pierda el equilibrio, aun sabiendo que muchas fuerzas quieran que yo caiga...

Que yo no pierda la voluntad de amar, aun sabiendo que la persona que yo más amo, pueda no sentir el mismo sentimiento por mí...

Que yo no pierda la luz y el brillo en la mirada, aun sabiendo que muchas cosas que veré en el mundo, oscurecerán mis ojos...

Que yo no pierda la garra, aun sabiendo que la derrota y la pérdida son dos adversarios sumamente peligrosos...

Que yo no pierda la razón, aun sabiendo que las tentaciones de la vida son muchas y deliciosas...

Que yo no pierda el sentimiento de justicia, aun sabiendo que la perjudicada pueda ser yo...

Que yo no pierda mi abrazo fuerte, aun sabiendo que un día mis brazos estarán débiles...

Que yo no pierda la belleza y la alegría de ver, aun sabiendo que muchas lágrimas brotarán de mis ojos y correrán por mi alma...

Que yo no pierda el amor por mi familia, aún sabiendo que ella muchas veces, me exigirá esfuerzos increíbles para mantener la armonía...

Que yo no pierda la voluntad de donar este enorme amor que existe en mi corazón, aún sabiendo que muchas veces él será rechazado...

Que yo no pierda la voluntad de ser grande, aun sabiendo que el mundo es pequeño...

Y encima de todo...

Que yo jamás me olvide que ¡Dios me ama infinitamente! Que un pequeño grano de alegría y esperanza dentro de cada uno es capaz de cambiar y transformar cualquier cosa, pues ¡la vida es construida en los sueños y realizada en el amor!

¿De qué nos sirve vivir, sino sabemos respirar? ¿De qué nos sirve soñar, sino somos capaces de hacer realidad nuestros sueños?

sábado, 22 de septiembre de 2012

MARÍA PROVOCA LA PRIMERA "SEÑAL"


Además de la gran confianza que María mostró en su Hijo, ella fue el medio que Dios usó para dar comienzo a la manifestación de Jesús.

Ojalá puedas leer en el Evangelio Jn 2, 1-12, cuando María le pide a su Hijo que les falta el vino en una boda donde fueron invitado en Caná.

A mí me llama poderosamente la atención ese detalle de María de acercarse a visitar a su prima santa Isabel tras tener conocimiento de su estado de gestación, también su fina observación en las bodas de Caná, en una situación de tanto embarazo para aquellos jóvenes esposos. Todo ello habla de un corazón amable, sencillo, bondadoso, atento, comprensivo, servicial en nuestra madre del cielo".

Una contemplación superficial del episodio de la boda de Caná nos dice que lo más milagroso fue el hecho de que Jesús mostró su dominio absoluto sobre la materia, convirtiendo agua en vino. Sin embargo, el Evangelista nos da a entender que no fue así al decir "Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzó a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos" (Jn 2, 11).

Según el Evangelista la finalidad intrínseca de este milagro fue el convencer a sus discípulos que Él era lo que decía que era: el Hijo de Dios. Así manifestó su "gloria" que era su divinidad, pues María le obligó a "hacer llegar su hora" de mostrar su gloria o divinidad.

Independientemente de la gran confianza que María mostró en su Hijo, como hemos comentado antes, está el hecho de que ella fue el medio que Dios usó para dar comienzo a la manifestación de Jesús de Nazaret como su Hijo. Aquí María aparece como aquella que hace conocer a Cristo. Uno podría pensar que tal vez su misión fuese solamente traer al Hijo al mundo y después dejarlo manifestarse como le pareciera mejor. Dios en su providencia quería hacer las cosas de otra manera: quería dar a conocer a su Hijo al mundo por medio de su Madre. Nosotros podemos no estar de acuerdo con esta metodología, pero no se puede negar que Él quiso adoptarla para manifestar a su Hijo.

Parece ser que el Padre sigue usando esta metodología para dar a conocer a su Hijo. Son elocuentes las múltiples apariciones de la Virgen en estos dos últimos siglos. Pensemos en Lourdes, Fátima...
Autor: P. Fintan Kelly.

viernes, 21 de septiembre de 2012

MATEO, DE PUBLICANO A SANTO

El cobrador de impuestos, no calcula las consecuencias, no regatea. Deja absolutamente todo y comienza una nueva vida al lado de Cristo.
Mateo, el publicano, tuvo la gran suerte de encontrarse con Cristo y así su vida experimentó un gran cambio hasta convertirse en el gran apóstol y evangelista que conocemos. Experimentó sin duda la angustia y la tristeza del pecado desde su condición de publicano, pero después fue valiente y decidido a la hora de abandonar aquella vida para ponerse de rodillas ante la verdad de Dios que quería su corazón plenamente. Así se operó la conversión: de publicano a santo.

Al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: "Sígueme" (Mt 9, 9). La misión de Cristo fue siempre la de salvar al hombre de la esclavitud del mal. Parece que siempre está comprometido en esta lucha.

Cristo siempre pasa, y siempre se encuentra con alguien: con Zaqueo, con la Samaritana, con la pecadora pública. Al pasar se encuentra con Mateo, un publicano, un ser señalado por los judíos que se creían buenos, un hombre de mala reputación, un pecador. Cristo se dirige a él y le ofrece otro camino: cambiar la mesa de los impuestos por una vida de entrega generosa y desinteresada a los demás, cambiar la vida de pecado por una vida de amistad con Dios, cambiar en definitiva el corazón. Una auténtica conversión. Él acepta esta invitación, porque la mirada de aquel hombre le había hecho comprender su pobreza interior, la pobreza que siempre conlleva el pecado.

"Él se levantó y le siguió" (Mt 9,9). Admira la prontitud con que Mateo abandona su vida de pecado para abrazar el amor de Dios. No hace consideraciones, no calcula las consecuencias, no regatea a Cristo. Deja absolutamente todo y comienza una nueva vida al lado de Cristo. Realiza dos gestos, sintetizados en dos palabras: "Se levantó", como si se dijera que abandona aquella mesa, símbolo de su vida pasada y de su pecado; y es que para salir del pecado siempre hay que abandonar algo propio, personal. Y "le siguió", es decir, abrazó una nueva vida, una vida junto a Dios, una vida centrada en otros valores, una vida nueva en Cristo. No fue sin duda fácil para Mateo esta decisión, pero bien valía la pena probar otro camino distinto de aquel que se había convertido para él en tantos momentos de dolor, de angustia y de remordimiento.

"No he venido a llamar a justos sino a pecadores" (Mt 9,13). Jesús aceptó la invitación de Mateo a comer en su casa, casa que se llenó enseguida de publicanos y pecadores. Los fariseos preguntaron a los discípulos por qué comía su Maestro con publicanos y pecadores. Pero fue Jesús el que les respondió: "No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio" (Mt 9, 10-13).

Es maravilloso el comprender cómo el Corazón de Dios busca la oveja perdida y cómo se llena de alegría verdadera y profunda cuando la encuentra. Por eso se enfrenta con estas palabras tan consoladoras a aquellos fariseos que se extrañaban de que el Maestro se sentara a la mesa con los pecadores. No sabían aquellos hombres que Cristo había venido a salvar precisamente a aquellos que ellos despreciaban y, más aún, ignoraban los fariseos que tal vez era más fácil sacar del abismo del mal a personas que se aceptaban pecadoras que a ellos mismos que se consideraban justos.
Autor: P. Juan J. Ferrán.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

CUANDO SE CONFUNDE EL AMOR

El amor de Dios nos invita a dar sin esperar nada, a perdonar, que son la moneda del amor con la que se compra la verdadera felicidad.
La vida está llena de sorpresas, situaciones que nos admiran y al mismo tiempo nos entristecen.

El mundo y los hombres sin Dios, buscan a toda costa su propia felicidad, aun a costa de los demás. El amor de Dios nos invita a dar sin esperar nada, a llevar el perdón y el sacrificio, que son la moneda del amor con la que se compra la verdadera felicidad. Espero que aproveches estas reflexiones para que ames de verdad, con las características reales del amor, y no te conviertas en un producto de la sociedad que no solo te lleva al capricho de no pensar en los demás, sino a llenarte de ti mismo.

El amor es paciente y da tiempo a la relación para que crezca.
El capricho es impaciente, imprudente, impulsivo e irrazonable.

El amor se controla a sí mismo y desea lo mejor para el otro.
El capricho es obstinado y exige que se hagan las cosas a su manera.

El amor se centra en la persona y en su carácter y no sólo en sus rasgos exteriores.
El capricho se basa sobre expectativas y condiciones idealistas, irreales y egoístas.

El amor no puede separarse de Aquel (Dios) que es amor; por eso va junto con la fe, a la que da significado, y ésta pone propósito en el amor.
El capricho se enreda con las sensaciones del momento y con frecuencia aleja a Dios.

El amor se edifica en la aceptación de sí mismo y supone lo mejor en el otro mediante una confianza implícita.
El capricho, con frecuencia, está inseguro de sí mismo, lo que le pone celoso y hace posesivo del otro. Esto se manifiesta en peleas constantes.

El amor se construye sobre la amistad, si se rompe la relación, cada uno queda mejor por haberse conocido.
El capricho tiene una base insegura, y deja cicatrices y recuerdos dolorosos.

El amor es veraz y se caracteriza por una comunicación sincera y honrada.
El capricho es falso, porque teme compartir su verdadero yo y ser rechazado.

El amor es fiel a los valores personales, aunque arriesgue la terminación de la relación.
El capricho puede cometer acciones objetables por temor a perder al otro.

El amor soporta los altibajos de la vida, porque sabe que los sentimientos y las circunstancias no alteran el compromiso de amar.
El capricho crea nerviosismo en la amistad.

El amor mejora la calidad de una persona.
El capricho y sus traumas, consumen la energía, lo que hace sufrir en los estudios, el trabajo y la amistad; por lo tanto, sufre la calidad de la persona.

El amor mejora la confianza en sí mismo.
El capricho tiende a engendrar dependencia y sentimientos inadecuados acerca de sí mismo.

El amor crece con el tiempo y perdura a pesar de la separación.
El capricho se debilita con el tiempo y la separación.

NO DEJES DE TOMAR TU DECISIÓN, PERO NO TARDES MUCHO, PUES PUEDE SER QUE SEA EL SEÑOR CAPRICHO QUE LLEVAS DENTRO, QUE TE TIENE ATADO Y NO TE DEJA CRECER...
Autor: P. Dennis Doren L.C.

martes, 18 de septiembre de 2012

ANTE LA INSEGURIDAD ¿CÓMO REZAR CUANDO SALGO DE CASA O VIAJE?

Llevarse a Dios a la calle, dirigirle una mirada, una sonrisa o una palabra, es buena manera de sentirse seguro por el camino.
Autor: P Evaristo Sada LC.
Nos sentimos inseguros con tanta violencia y peligros que hay en las calles. En el hogar estamos bien, pero salir de casa o de viaje puede provocar aprensión a uno mismo o a los seres queridos. Yo ya sufrí un atraco en Nápoles y no es nada agradable.... Por eso hoy los familiares están en contacto permanente, enviándose continuos mensajes de texto o haciendo una llamada rápida sólo para decir: "ya llegué", "estoy atorado en el tráfico", "ya estoy en el avión, te llamo al aterrizar", "todo bien, te quiero". Más y más a la gente le gusta estar conectada, en contacto continuo.

Las dos cosas (la inseguridad y el contacto continuo) pueden ayudar a mejorar la vida de oración, sea en la rutina diaria y especialmente cuando estamos de viaje o de camino.


1. La inseguridad puede convertirse en fuente de seguridad.

Los seres humanos somos de por sí vulnerables, nadie las tiene todas consigo; Todopoderoso sólo Dios. Esta debilidad interna, estructural, que además está sometida a tantas amenazas externas mientras vamos por el camino de la vida, puede convertirse en una fortaleza. Dios le dijo a San Pablo: Te basta mi gracia, mi fuerza se manifiesta en la debilidad (2 Cor. 12,7)

Dios, que nos conoce mejor que nadie, nos compara a las ovejas. Las ovejas están siempre expuestas a extraviarse, al ataque del lobo, a la amenaza de los ladrones. Requieren la presencia continua del pastor. Y Dios quiere ser nuestro Pastor mientras vamos de camino. En el Salmo 22(23) tenemos una excelente descripción de la existencia humana y creo yo que es la mejor oración del viajero. Me refiero tanto al viaje de la vida, a nuestra peregrinación terrena, como a cualquier viaje o salida de casa. Creo que es una de esas oraciones que todos deberíamos saber de memoria y, sobre todo, poner todo el corazón a la hora de decirla:

El Señor es mi pastor, nada me falta.
En prados de hierba fresca me hace reposar,
me conduce junto a fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el camino justo,
haciendo honor a su Nombre.
Aunque pase por un valle tenebroso,
ningún mal temeré,
porque Tú estás conmigo.

Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
Me preparas un banquete
en frente de mis enemigos,
perfumas con ungento mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu amor y tu bondad me acompañan
todos los días de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.


2. El hábito del contacto continuo (text messaging) puede practicarse también con Dios

El text messaging y el tweeting están de moda: mensajes cortos para entrar en contacto. Eso que hacemos entre nosotros, es lo que siempre se nos ha recomendado hacer con Dios en cualquier momento o circunstancia (jaculatorias). Una jaculatoria es como un tweet lanzado al cielo.

Jesucristo lo hacía con su Padre:

- "Padre, te doy gracias por hacerme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas" (Jn 11,41)
- "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen" (Lc 23,34)
- "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla" (Mt 11,25)
- "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46)

Llevarse a Dios al trabajo, a la universidad y al supermercado, dirigirle una mirada, una sonrisa o una palabra, es buena manera de sentirse seguro por el camino y de afrontar el típico conflicto del activismo. Dios está en todas partes, lo llevamos dentro de nosotros; no está confinado a los muros de las Iglesias.

Dios está vivo, nos mira siempre, es nuestro Padre, y le gusta que sus hijos nos acordemos de Él, le demos una llamada, simplemente para decirle: "Gracias", "Te quiero", "Ayúdame", "Protégelo", "Ilumíname", "Dame paciencia", "No puedo más, dame fuerza", "Bendito seas", etc.

Al salir de casa, apenas cerrar la puerta, sentarse en el coche o mientras se espera el metro o el autobús, se puede rezar una oración espontánea para pedir a Jesucristo que nos cuide en el camino. Algo así:

Buen Pastor, salgo de (casa) viaje, acompáñame, ven conmigo.
Tú eres el Camino, llévame a mi destino.
Tú eres la Vida, que vuelva a casa sano y salvo.
En tus manos dejo a mis seres queridos, cuídalos, son tus hijos.
Saber que estamos bajo tu mirada es fuente de paz y confianza.
Que en todo momento sea testimonio de vida cristiana.
Amén.


También puede rezarse la oración al Ángel de la guarda. Recuerdo un día en que al salir de la estación de autobuses hice la señal de la cruz y un momento de oración; la persona que llevaba al lado me dijo: A mí también me gusta rezar al comenzar un viaje, pero no sé qué rezar y sólo hago la señal de la cruz. Le sugerí rezar esta oración al Ángel de la guarda:

Ángel del Señor, que eres mi custodio, puesto que la Providencia soberana me encomendó a ti, ilumíname, guárdame, rígeme y gobiérname en este día, amén.
Este artículo se puede reproducir sin fines comerciales y citando siempre la fuente www.la-oracion
Autor: P Evaristo Sada LC.

lunes, 17 de septiembre de 2012

UN RATO DE LIBERTAD

Tal vez sea difícil encontrar momentos así, disponibles para llevar a cabo lo que más anhelo...

Las prisas cubren nuestras vidas. Tenemos mil cosas que hacer en cada instante. Sentimos por momentos agobios que asfixian. Buscamos entonces pequeños oasis de libertad para serenar el alma.

En otras ocasiones vivimos más serenos, tocamos instantes de paz. Nadie nos pide acciones urgentes. Nadie nos interpela sobre lo que hagamos o dejemos de hacer. Tenemos ante nosotros tiempo disponible para ocuparlo solo en aquello que deseamos desde lo más íntimo del alma.

Si encuentro un rato de libertad, ¿qué viene a mi mente y a mi corazón? ¿Qué escojo si la decisión de lo que voy a hacer depende por completo de mí?

Habrá quien tome un libro y empiece a leer una novela tantas veces programada y dejada una y otra vez para más tarde. Otro buscará en Internet una música que le hará volver a su infancia. Otro abrirá el armario de los recuerdos y releerá cartas y cartas de familiares y amigos. En la era electrónica, más de uno buceará en la famosa carpeta de “asuntos pendientes” que lleva demasiado tiempo sin ser "desempolvada".

Un cristiano, un seguidor de Jesucristo, ¿qué desearía hacer si contase con un rato de libertad? Sería hermoso que pensase en su Amigo, que dedicase algo de tiempo a la oración, que abriese una Biblia y pudiera releer palabras que Dios ofrece a los hombres. De este modo, recordaría "lo único necesario", lo que vale la pena más allá de las prisas de nuestro mundo desquiciado.

También sería "lógico" que un cristiano, en un rato de libertad, mirase a su alrededor y dedicase lo mejor de esos instantes "libres" para ayudar al hambriento, al sediento, a quien busca un poco de consuelo y de esperanza.

Yo, ¿qué haría si se me concediese ahora un poco de tiempo libre? ¿Qué ideas ocuparían mi mente inquieta? ¿Qué deseos surgirían en mi corazón? ¿Qué planes y proyectos nacerían desde mi voluntad?

Si tuviese un rato de libertad... Tal vez sea difícil encontrar momentos así, disponibles para llevar a cabo lo que más anhela mi alma. Pero si llegase un momento así, desvelaría dimensiones profundas de mi vida que no aparecen por culpa de las prisas que me agobian.

Sería triste si un rato de libertad me hiciera descubrir que vivo de modo egoísta, sin dejar espacio ni a Dios ni a mis hermanos. Sería hermoso si un momento así desvelase que en mi existencia Cristo no es sólo un nombre del pasado, sino un Amigo que me indica el Camino y que me invita a avanzar hacia la fe y hacia el amor sincero a los hermanos.
Autor: P. Fernando Pascual LC.

domingo, 16 de septiembre de 2012

LA DIFAMACIÓN...COMO AGUA EN EL SUELO

Nos gusta "el chisme" Saber, enterarnos de secretos para luego correr a contarlos, desde luego, siempre corregidos y aumentados.
Nos está tocando vivir días inquietantes de atmósfera cargada, no solo por la contaminación, sino por tantos rumores encargados de desestabilizar al país y con él a sus habitantes.

Nada tan nocivo como un bulo que empieza como chispa de un lugar oscuro en corazones perversos, en bocas malsanas que traman asustar, inquietar y destruir la paz y confianza de los hombres que con el esfuerzo cotidiano buscan dar empuje y un buen rumbo al país.

Seamos sensatos y ecuánimes y no demos entrada a tantos rumores que no sirven para otra cosa que para empeorarnos y crear barullo y desconfianza convirtiendo en caos la vida que ya de por si está bastante difícil.

Nos gusta "el chisme" y si es amarillista, mejor. Nos gusta saber, enterarnos de secretos para luego correr a contarlos, desde luego, siempre corregidos y aumentados.

Muchas personas caen en ese dañino y cruel juego... por eso nada nos inspira tanta confianza como conocer y tratar a una persona que jamás la oímos hablar mal de nadie, que no critica o que aún más, siempre busca alguna palabra de excusa para la persona criticada o busca la forma de justificar una u otra conducta.

Los Mandamientos de Dios, no son para someter a los seres humanos a un sinfín de negativas, sino para protegerlos y encauzarlos por el sendero por el que, por cumplirlos, encontrarán la felicidad y de quienes los rodean, contiene UNO en el que se nos pide: no mentir y no levantar falsos testimonios.

Nos rodea el extremismo tanto en los crímenes como en la vida de las personas...

El mal trabaja, el mal no descansa. Mientras las buenas conciencias duermen, las fuerzas del mal maquinan asaltos, robos, violaciones, rumores nefastos, asesinatos. Y sabemos que no siempre es con un arma de fuego con lo que se puede terminar una vida. Es nuestra lengua la que puede herir, matar. Con nuestra lengua se puede hacer que una persona pierda su puesto de trabajo, se puede deshacer un matrimonio, se puede sembrar el odio entre hermanos, se puede quitar la honra de una persona con la difamación, con una calumnia... que una vez dicha es como agua derramada en el suelo
Aunque después se trate de recoger siempre quedará algo que nos haga albergar el sentimiento de la duda.

Aunque parezca extremoso el pecado de la difamación y la calumnia es pecado grave, haciéndonos perder la gracia de Dios.

Tengamos mucho cuidado de no propagar lo que nos cuentan, sobre todo si no nos consta para nada el hecho en cuestión y seamos cuidadosos con la honra y el buen nombre de los demás, como nos gustaría que hicieran con nosotros....
Autor: Ma Esther De Ariño.

sábado, 15 de septiembre de 2012

MARÍA, LA VIRGEN DOLOROSA

Cuánto admiramos a la Virgen dolorosa por haber sufrido como sufrió, por haber amado como amó. ¡Cómo quisiéramos ser como Ella!

El dolor, desde que entró el pecado en el mundo, se ha aficionado a nosotros. Es compañero inseparable de nuestro peregrinar por esta vida terrena. Antes o después aparece por el camino de nuestra existencia y se pone a nuestro lado. Tarde o temprano toca a nuestras puertas. Y no nos pide permiso para pasar. Entra y sale como si fuese uno más de casa.

El sufrimiento parece que se aficiona a algunas personas de un modo especial. La vida de la Santísima Virgen estuvo profundamente marcada por el dolor. Dios quiso probar a su Madre, nuestra Madre, en el crisol del sacrificio. Y la probó como a pocos. María padeció mucho. Pero fue capaz de hacerlo con entereza y con amor. Ella es para nosotros un precioso ejemplo también ante el dolor. Sí, Ella es la Virgen dolorosa.

Asomémonos de nuevo a la vida de María. Descubramos y repasemos algunos de sus padecimientos. Y sobre todo, apreciemos detrás de cada sufrimiento el amor que le permitió vivirlos como lo hizo.

El dolor ante las palabras de Simeón.

El anciano profeta no le predijo grandes alegrías y consuelos a nivel humano. Al contrario: “este niño será puesto como signo de contradicción, -le aseguró-. Y a ti una espada de dolor te atravesará el alma”.
María, a esas alturas, sabía de sobra que todo lo que se le dijese con relación a su Hijo iba muy en serio. Ya bastantes signos había tenido que admirar y no pocos acontecimientos asombrosos se habían verificado, como para tomarse a la ligera las palabras inspiradas del sabio Simeón.

Seguramente María tuvo esa sensación que nos asalta cuando se nos pronostica algo que nos va a costar horrores. Como cuando nos anuncian un sufrimiento, un dolor, una enfermedad terrible, o la muerte cercana... Algo similar debió sentir María ante semejantes presagios.

Pero en su corazón no acampó la desconfianza, el desasosiego, la desesperación. En lo profundo de su alma seguía reinando la paz y la confianza en Dios. Y en su interior volvería a resonar con fuerza y seguridad el fiat aquel lleno de amor de la anunciación.

Para nosotros Cristo mismo predijo no pocos males, dolores y sufrimientos. Cristo nos pidió como condición de su seguimiento el negarse a uno mismo y el tomar la propia cruz cada día. Nos prometió persecuciones por causa suya. Nos aseguró que seríamos objeto de todo género de mal por ser sus discípulos; que nos llevarían ante los tribunales; que nos insultarían y despreciarían; que nos darían muerte. ¡Qué importante es, ante estas exigencias, recordar el ejemplo de nuestra Madre! El verdadero cristiano, el buen hijo de María, no se amedrenta ni se echa atrás ante la cruz. Demuestra su amor acogiendo la voluntad de Dios con decisión y entereza, con amor.

El dolor ante la matanza de los inocentes por Herodes.

María debió sufrir mucho al enterarse de la barbarie perpetrada por el rey Herodes. La matanza de los inocentes. ¿Qué corazón con un mínimo de sensibilidad no sufriría ante esa monstruosidad? Ella también era madre. Y ¡qué Madre! ¡con qué corazón! ¡con qué sensibilidad! ¿Cómo no le iba a doler a María el asesinato de esos niños indefensos? Además, seguramente, María conocía a muchos de esos pequeñines. Conocía a sus madres... Sí, es muy diverso cuando te dicen que murieron X personas en un atentado en Medio Oriente, a cuando te comunican que han matado a uno o varios amigos y conocidos tuyos... Entonces la cosa cambia.

A lo mejor hasta María se sintió un poco culpable por lo ocurrido. Y eso agudizaría su dolor. Quizá comprendió que aún no había llegado el momento de ofrecer a su Jesús en rescate por aquellos pequeñines (Dios no lo dispuso así). Quizá también en la mente de María surgió la eterna pregunta: ¿por qué el mal, el sufrimiento, la muerte de los inocentes? Sabemos que en este caso la respuesta podría ser otra pregunta: ¿porqué la prepotencia, maldad y crueldad demoniaca de Herodes...?

Ciertamente rezaría por ellos y, sobre todo por sus inconsolables madres. Se unió a su sufrimiento, que no le era ajeno (eran quizá los primeros mártires de Cristo), e hizo así fecundo su propio padecer.

También nuestro corazón cristiano ha de mostrarse sensible al sufrimiento ajeno. Compadecerse. Socorrer. O al menos, consolar. Como alguien dijo -y con razón- “si podéis curar, curad; si no podéis curar, calmad; si no podéis calmar, consolad”. Siempre estaremos en grado de ofrecer un poco de consuelo y también de rezar por los que sufren.

El dolor de haber perdido al Niño.

¡Cómo sufre una madre cuando se le ha perdido su niño! Sufre angustiada por la incertidumbre. ¿Dónde estará? ¿cómo estará? ¿le habrá pasado algo? ¿estará en peligro? ¿le habrá atropellado un coche? ¿lo habrán raptado? ¿estará llorado desconsolado porque no nos encuentra? Todo eso pasaría por la mente de María. Y más cosas aún: ¿y si lo ha atrapado algún pariente de Herodes que lo buscaba para matarlo? Así son las madres y su amor por sus hijos...

Pues imaginemos a María. La más sensible de la madres, la más responsable, la más cuidadosa... Y resulta que no encuentra a su Hijo. Es motivo más que suficiente para angustiarla terriblemente. Aparte de que no era un hijo cualquiera. A María se le ha extraviado el Mesías. Se le ha perdido Dios... ¡Qué apuro el de María!

¡Qué tres días de angustiosa incertidumbre, de verdadera congoja! ¿Habrá dormido María esos días? Seguro que no. Desde luego que no durmió. ¿Cómo va a dormir una madre que tiene perdido a su hijo? Pero sí rezó y mucho. Sí confió en Dios. Sí ofreció su sufrimiento con amor porque era Dios el que permitía esa situación.

No termina todo aquí. A todo esto siguió otro dolor, y quizá aún mayor que el anterior. La incompresible e inesperada respuesta de Jesús: “¿porqué me buscabais...?” ¡Qué efecto habrán causado esas palabras en el corazón de su Madre, María...!

Tratemos de meternos en el corazón de una madre o de un padre en esas circunstancias. Llevan tres días y tres noches buscando angustiados a su Hijo. Temiéndose lo peor. Y de repente, lo encuentran tan contento, sentadito en medio de la flor y nata intelectual de Jerusalén, dándoles unas lecciones de catecismo y de Sagrada Escritura... Y además, les responde de esa manera...

Es verdad, por una parte, sentirían un gran alivio: “¡ahí está! ¡está bien! ¡por fin lo hemos encontrado!” Pero, acto seguido, cuenta el evangelio, María tuvo la reacción normal de una madre: “Hijo, mío. ¿Por qué nos has hecho esto?” (se merecía una regañina, aunque fuera leve).Y por otra parte, asegura el evangelista que “ellos no comprendieron la respuesta que les dio”. El dolor de esa incomprensión calaría hondo en el alma de sus padres.

Y María, en vez de enfadarse con el crío (con perdón y todo respeto), no dijo nada. Lo sufrió todo en su corazón y lo llevó todo a la oración. Quién sabe si en la intimidad de su alma ya comenzaría a comprender que Cristo no iba a poder estar siempre con Ella. Que su misión requeriría un día la inevitable separación...

A veces en nuestra vida puede sucedernos algo parecido. De repente Cristo se nos esconde. “Desaparece”. Y entonces puede invadirnos la angustia y el desasosiego. Sí, a veces Dios nos prueba. Se nos pierde de vista. ¿Qué hacer entonces? Lo mismo que María. Buscarlo sin descanso. Sufrir con paciencia y confianza. Orar. Actuar nuestra fe y amor. Esperar la hora de Dios. Él no falla, volverá a aparecer.

Otras veces el problema es que nosotros olvidamos con quién deberíamos ir. Dejamos de lado a Cristo. Nos escondemos de El. Nos sorprendemos buscándonos sólo a nosotros mismos y nuestras cosillas. Y, claro, nos perdemos. Incluso nos atrevemos a echárselo en cara a Cristo, teniendo nosotros la culpa. Aquí la solución es otra. Hay que salir de sí mismo. Volver a buscar a Cristo. Volver a mirarlo y ponerse a amarlo de nuevo.

El dolor de la separación y la primera soledad.

Llegó el día. Después de pasar treinta años juntos. Treinta años de experiencias inolvidables, vividos en ese ambiente tan increíblemente divino y a la vez tan increíblemente humano de Nazaret. Treinta años de silencio, trabajo, oración, alegría, entrega mutua, amor. Treinta años de familia unida y maravillosa.

¡Qué momento aquel! ¡Lástima de video para volver a verlo enterito ahora...! Fue temprano. Muy de mañana. En el pueblo, dormido aún, nadie se enteró de lo que estaba ocurriendo. Pocas palabras. Abundantes e intensos sentimientos. “Adiós, Hijo. Adiós, madre...”

Todos hemos intuido lo que pasa por el corazón de una madre en una despedida así. Lo hemos visto quizá en los ojos de nuestra madre en alguna ocasión...

María volvió a casa con el corazón oprimiéndosele un poco a cada paso. Y al entrar, fue la primera vez que sintió que la casa estaba sola. Experimentó esa terrible sensación de saber que ya no se oirían en la casa otros pasos que suyos; que ningún objeto cambiaría de sitio, a menos que Ella misma lo moviese.

La soledad es una de las penas más profundas de los seres humanos, pues hemos nacido para vivir en compañía de los demás. ¡Qué dura fue la soledad de María, después de estar con quien estuvo y por tanto tiempo! Sí, la soledad de la Virgen comenzó mucho antes del Viernes Santo y duró mucho más...

María también supo vivir ese sufrimiento de la separación y de la soledad con amor, con fe, con serenidad interior. Adhiriéndose obediente a la voluntad de Dios. Ofreciéndolo por ese Hijo suyo que comenzaba su vida pública y que tanto iba a necesitar del sostén de sus oraciones y sacrificios.

Necesitamos, como María, ser fuertes en la soledad y en las despedidas. Fuertes por el amor que hace llevadero todo sacrificio y renuncia. Fuertes por la fe y la confianza en Dios. Fuertes por la oración y el ofrecimiento.


El dolor del vía crucis y la pasión junto a su Hijo.

La tradición del viacrucis recoge una escena sobrecogedora: Jesús camino del calvario, con la cruz a cuestas, se encuentra con su Madre. ¡Qué momento tan extraordinariamente duro para una madre! ¿Lo habremos meditado y contemplado lo suficiente?

¡Que fortaleza interior la de María! ¡Qué temple el de su delicada alma de mujer fuerte! ¡Qué locura de amor la suya! Sabía de lo duro que sería seguir de cerca a su Jesús camino del calvario (eso hubiera quebrado el ánimo a muchas madres). Pero decide hacerlo. Y lo hace. Su amor era más fuerte que el miedo al dolor atroz que le producía presenciar la suerte ignominiosa de Jesús. Ella tenía conciencia de que había llegado el momento en el que la espada de dolor se hendiría despiadada en su corazón. Era contemplar la pasión y muerte de su propio Hijo. No se esconde para no verlo. Ahí estaba. Muy cerca y en pie.

Contemplemos por un instante ese encuentro entre Hijo y Madre. Ese cruzarse silencioso de miradas. Ese vaivén intensísimo de dolor y amor mutuo. Qué insondables sentimientos inundarían esos dos corazones igualmente insondables. Ambos salieron confirmados en el querer de Dios con una confianza en Él tan infinita y profunda como su mismo dolor.

Nuestra vida a veces también es un duro viacrucis. No suframos sin sentido, con mera resignación. Busquemos, por la cuesta de nuestro calvario, esa mirada amorosa y confortante de María, nuestra Madre. Ahí estará Ella siempre que queramos encontrarla. Ahí estará acompañándonos y dispuesta a consolarnos y a compartir nuestros padecimientos. Mirémosla. “La suave Madre -afirma Luis M. Grignion de Montfort- nos consuela, transforma nuestra tristeza en alegría y nos fortalece para llevar cruces aún más pesadas y amargas”.

María en la pasión y junto a la cruz de su Hijo se sintió crucificar con Él. Así describe Atilano Alaiz los sentimientos de la Madre ante el Hijo: “Los latigazos que se abatían chasqueando sobre el cuerpo del Hijo flagelado, flagelaban en el mismo instante el alma de la Madre; los clavos que penetraban cruelmente en los pies y en las manos del Hijo, atravesaban al mismo tiempo el corazón de la Madre; las espinas de la corona que se enterraban en las sienes del Hijo, se clavaban también agudamente en las entrañas de la Madre. Los salivazos, los sarcasmos, el vinagre y la hiel atormentaban simultáneamente al Hijo y a la Madre”.

El dolor de la muerte de su Hijo.

Terrible episodio. Una madre que ve morir a su Hijo. Que lo ve morir de esa manera. Que lo ve morir en esas circunstancias...

Nunca podremos ni remotamente sospechar lo que significó de dolor para su corazón de Madre el contemplar, en silencio, la pasión y muerte de su Hijo. Ella, su Madre. Ella, que sabía perfectamente quién era Él. Ella que humanamente habría querido anunciar a voz en grito la nefanda tragedia de aquel gesto deicida, en un intento de arrancar a su Hijo de la manos de sus verdugos. Ella, que en último término habría preferido suplantar a su Jesús... Ella tuvo que callar, y sufrir, y obedecer. Esa era la voluntad de Dios. Y con el corazón sangrante y desgarrado, de pie ante la cruz, María repitió una vez más, sin palabras, en la más pura de las obediencias, “hágase tu voluntad”.

¡Hasta dónde tuvo que llegar María en su amor de Madre! ¿De verdad no habrá amor más grande que el de dar la propia vida? Alguien se ha atrevido a decir que sí; que sí hay un amor más grande. Casi como corrigiendo al mismo Cristo, alguien ha osado afirmar que sí lo hay y ha escrito esto:

“... porque el padecer, el morir, no son la cumbre del amor, porque no son el colmo del sacrificio. El colmo del sacrificio está en ver morir a los seres amados. La más alta cumbre del amor, cuando, por ejemplo, se trata de una madre, no está en dar la propia vida a Jesucristo, sino en darle la vida del hijo. Lo que una mujer, una madre debe padecer en un caso semejante, jamás lengua humana podrá decirlo; compréndese únicamente que, para recompensar sacrificios tales, no será demasiado darles una dicha eterna, con sus hijos en sus brazos” (Mons. Bougaud).

Son una y la misma la cumbre del amor y la cumbre del dolor. Y en lo alto de esa cumbre, el ejemplo de nuestra Madre brilla ahora más luminoso aún. ¡Qué pequeños somos a su lado! ¿Qué son nuestras ridículas cruces frente a ese colmo de su sacrificio? ¡Qué raquítico es tantas veces nuestro amor ante esa cima de su amor! ¡Quién supiera amar así!


Dolor ante el descendimiento de la cruz y la sepultura de Jesús.

Otra escena conmovedora. Jesús muerto en los brazos de su Madre que lloraba su muerte. No cabe duda, aunque cueste creerlo. Está muerto. Él, que era el Hijo del Altísimo. Él, que era el Salvador de Israel. Él, cuyo reino no tendría fin. Él, que era la Vida. Él está muerto.

Dura prueba para la fe de María. Su Hijo, el destinatario de todas esas promesas, yace ahora cadáver en su regazo. En el alma de María se irguió una oscura borrasca que amenazaba apagar la llama de su fe aún palpitante. Pero su fe no se extinguió. Siguió encendida y luminosa.

¡Qué fuerte es María! Es la única que ha sostenido en sus brazos todo el peso de un Dios vivo y todo el peso de un Dios muerto (que era su Hijo). Hemos de pedirle a Ella que aumenta nuestra fe. Que la proteja para que no sucumba ante las tempestades que nos asaltan en la vida amenazando aniquilarla.

El dolor de una nueva soledad.

¡Qué días también aquellos antes de la resurrección! Su Hijo entonces no estaba perdido. Estaba muerto ¡Qué soledad tan diversa de aquella, tras la despedida de Nazaret, hacía tres años! Es la soledad tremenda que deja la muerte del último ser querido que quedada a nuestro lado.

Así la describía Lope de Vega con gran realismo: “Sin esposo, porque estaba José / de la muerte preso; / sin Padre, porque se esconde; / sin Hijo, porque está muerto; / sin luz, porque llora el sol; / sin voz, porque muere el Verbo; / sin alma, ausente la suya; / sin cuerpo, enterrado el cuerpo; / sin tierra, que todo es sangre; / sin aire, que todo es fuego; / sin fuego, que todo es agua; / sin agua, que todo es hielo...”

Pero ni la fe, ni la confianza, ni el amor de María se vinieron abajo ante esa nueva manifestación incomprensible de la voluntad de Dios. Creyendo, confiando y amando Ella supo esperar la mayor alegría de su vida: recuperar a su Jesús para siempre tras la resurrección.

Aprendamos de María a llenar el vacío de la soledad que nos invade tras la muerte de nuestros seres queridos. Llenarlo con lo único que puede llenarlo: el amor, la fe y la esperanza de la vida futura.
Autor: P. Marcelino de Andrés.

viernes, 14 de septiembre de 2012

MÁS ESTATISMO, MENOS LIBERTAD

MÁS  ESTATISMO,  MENOS  LIBERTAD
Autor: Pablo Cabellos Llorente
            Hace unos años escribí un artículo con la misma temática que  éste. Un ilustre profesor, y viejo militante socialista, me respondió desde su columna tildándome de anarquista. Lo hacía con la delicadeza propia del que sabe discrepar sin herir y con la confianza del buen trato existente entre ambos. Comimos juntos después y hasta nos reímos con nuestras discrepancias.
            He recordado este agradable suceso mientras leo un magnífico editorial de Las Provincias titulado "Educación en libertad". Basa su defensa de la libertad sobre tan importante asunto en los datos conocidos del espectacular aumento de alumnos en los colegios concertados, así como de la caída en los centros públicos. Resulta que la libertad es hasta rentable porque, además de que la Administración no necesita construir colegios, los alumnos concertados le salen por la mitad de precio. Lo sorprendente es que, ante estos datos, siempre que se reclama una enseñanza de calidad se pide la pública, mientras que muchas familias la buscan en otra parte. Incluso se pretende obligar a llenar los centros públicos y no permitir más concertados, cuando lo realista y responsable sería ir pensando  qué hacer con los primeros.
            La manía de algunas formaciones políticas o sindicales por lo público, es disonante con los tiempos y con la libertad. Constituye una especie de tic sobre el que reflexionar. Es cierto que el Estado  debe cubrir las necesidades básicas de los ciudadanos siempre que falte la iniciativa social, pero si el Estado suple a los individuos o a las sociedades menores, ya está atentando contra su libertad de crear todo lo que le sea posible. El estatismo ha invertido los términos, permitiendo a la sociedad la realización de tareas desatendidas por la Administración Pública. Tal inversión del principio de subsidiaridad es nociva en sí misma: mata  iniciativa, creatividad, capacidad emprendedora y, sobre todo, la libertad.
            Afirmó el Concilio Vaticano II algo útil para todos: "La libertad se vigoriza cuando el hombre acepta las inevitables obligaciones de la vida social, toma sobre sí las multiformes exigencias de la vida humana y se obliga al servicio de la comunidad en la que vive". Todo esto viene dificultado por un Estado absorbente, enraizado en totalitarismos precedentes y sus epígonos de lo políticamente correcto, derivación plácidamente aceptada por una Europa que admitió en su día el marxismo, tal vez con  deliberada ignorancia, como consiente ahora formas veladas de totalitarismo edificado   por leyes constrictoras de la libertad. Una expresión humorística del asunto podría ser el "No podemos conducir por usted". Menos mal.
            Toda persona  es libre y responsable y tiene la facultad nativa de ser tratada como tal. Por eso, el derecho al ejercicio de la libertad es una exigencia inseparable de su dignidad. En las sociedades democráticas es más difícil restringir ese derecho, pero es de fácil manipulación  llevándolo a una libertad sin sentido, o  driblando derechos humanos como capacidad para buscar la verdad y profesar las propias ideas religiosas, culturales y políticas, expresar sus opiniones -sabemos que hay temas tabú sobre los que no se puede opinar, como identificar sexo y género-, decidir el oportuno estado de vida y, dentro de lo posible, el propio trabajo, asumir iniciativas de carácter económico, social y político, posibilidad de educar a los hijos según las personales convicciones, realidad de una justicia verdadera...
            Pues bien, esos derechos caen por un estatismo quizá bienintencionado, pero restador de libertad.  Muchos pueden pensar que ahora hay más libertades que nunca y no les falta razón. Mas ¿son esas las libertades que perfeccionan al hombre? Algunos dirán que ahora se puede investigar con embriones,  puede drogarse, puede abortar o divorciarse, puede casarse sin distinción de sexos,... Existen otras más serias, pero las citadas no son  las libertades que cimentan una verdadera sociedad democrática, es más: no son libertad.
             Muchos pensamos que más interesante es la existencia de mayores oportunidades para participar en la vida social, económica, cultural, política, informativa; de promover unos niveles de solidaridad más altos entre personas, sociedades, comunidades autónomas, pueblos; de suscitar más valores y virtudes que fundamenten la vida social: la verdad, la lealtad, la justicia, la laboriosidad, la sobriedad y la templanza, el uso justo de los bienes materiales o del espíritu, el derecho al trabajo y vivienda, etc. Todo esto no es una suerte de teoría mientras que lo enumerado anteriormente sería la práctica. Todo se traduce luego en leyes y conductas que determinan la suerte de un pueblo. Y todo queda disminuido por una excesiva intervención del Estado.
            Sirvan de final unas palabras escritas por el cardenal Ratzinger en su obra "Valores, libertad, poder": la libertad conserva su dignidad cuando permanece vinculada a su fundamento y a su cometido morales. Una libertad cuyo único argumento consista en la posibilidad de satisfacer las necesidades no sería una libertad humana, seguiría recluida en el ámbito animal. La libertad individual huera se anula a sí misma porque la libertad del individuo sólo puede subsistir en un orden de libertades. La libertad necesita una trama común, que podríamos definir como fortalecimiento de los derechos humanos.

SUFRIMIENTOS ANTICIPADOS

Aprovechemos de la mejor manera posible lo que ahora está en nuestras manos, y dejaremos el futuro en las manos de Dios.
El pronóstico no dejaba lugar a dudas: hoy, mañana y pasado soplaría un viento que daría un toque agradable, casi primaveral, al verano. Después de tres días agradables, llegaría un calor asfixiante que dominaría el panorama por cinco días.

Sí: otra vez vendrá el calor. Una extraña pena envuelve el alma. ¿Seremos capaces de soportarlo? ¿Cómo sobreviviremos cuando lleguen noches en las que reinan un aire cálido y una humedad insoportable?

Mientras, un viento agradable alivia el momento presente. La mirada a lo que va a ocurrir, al calor que llegará en unos días, aparta la atención a ese hoy fresco que Dios nos concede.

Así somos los humanos: el miedo a un dolor que, según parece, llegará, nos impide aprovechar un presente lleno de bellezas maravillosas.

También ocurre, es importante completar el cuadro, que cuando el calor nos asfixia a lo largo del día, pensar que en unos días llegará el fresco produce un alivio importante para el alma.

Si reflexionamos un momento sobre este tipo de expectativas, podremos reconocer, como ya hicieron los antiguos filósofos griegos, que no tiene sentido vivir amargado ante sufrimientos anticipados cuando el presente nos da ribetes de alegría sana y un descanso para el alma. Como tampoco la esperanza de una tregua futura detiene la fuerza aplastante de un calor que nos rodea por todos lados.

Una visión equilibrada de la vida nos permite acometer con serenidad de alma lo que pueda ocurrir en un futuro incierto, y a afrontar el presente con un realismo sano. Desde esa visión, podremos evitar sufrimientos anticipados por hechos futuros que quizá nunca lleguen a nuestra vida, y seremos capaces de vivir el instante presente de un modo más sereno.

De esta manera, aprovecharemos de la mejor manera posible eso que ahora está en nuestras manos, y dejaremos el futuro en las manos de un Dios que sabe lo que es mejor para cada uno de sus hijos.
Autor: P. Fernando Pascual LC.

jueves, 13 de septiembre de 2012

CON MARÍA, Y LA SOLEDAD DE JESÚS SACRAMENTADO

Hay un sitio en el Sagrario que tiene tu nombre y toda la paz que ansías... y Jesús te espera.
Madre, hoy he venido a visitar a tu Hijo en el Sagrario, pero siento que no soy hoy la mejor compañía. Mi corazón está triste, con una tristeza pesada y gris que, como humo denso, tiñe mis afectos y mis sueños. Siento una gran soledad, no porque Jesús o tu, Madre querida, se hayan alejado de mí, sino que soy yo la que no logra hallarlos.

- Soledad, hija, soledad... Bien comprendemos esa palabra mi Hijo y yo... soledad. Ven, entra con tu corazón al Sagrario y conversaremos un poco. Sé bien que lo necesitas.

- Gracias, María, gracias. Yo sabía, en lo más íntimo del alma, en ese pequeño rinconcito iluminado y eterno donde la tristeza no llega, allí, sabía que podía contar contigo.

Y mi corazón, lento y pesado por mis pecados y olvidos, se va acercando al Sagrario.

Tú estás a la puerta y me abres. ¡Qué deliciosos perfumes percibe el alma cuando está cerca de ti!
Con gran sorpresa veo que, por dentro, el Sagrario es muchísimo más grande de lo que parece y hay allí demasiados asientos desocupados, demasiados...
Me llevas a un sitio, un lugar inundado de toda la paz que anhela mi alma. Noto que tiene mi nombre, ¡Oh Dios mío, mi nombre!. Me duele el corazón al pensar cuánto tiempo lo he dejado vacío.

- Cuéntame, ahora, de tu soledad- me pides, Madre mía.

Pero ni una palabra se atreve a salir de mi boca. Por el bello y sereno recinto del Sagrario, Jesús camina, mirando uno a uno los sitios vacíos... Solo el más inmenso amor puede soportar la más inmensa soledad.
Inmensa soledad que es larga suma de tantas ausencias. Y cada ausencia tiene un nombre y sé, tristemente, que el mío también suma.
Entonces tu voz, María, me ilumina el alma:

- El Sagrario es demasiado pequeño para tanta soledad. Tú no puedes hacer más grande el Sagrario, pero sí puedes hacer más pequeña su soledad.

Tus ojos están llenos de lágrimas y le miras a Él con un amor tan grande como jamás vi.

- Hija, ¡Si supieras cuánto eres amada! ¡Si supieras cuánto eres esperada!. Cada día, cada minuto, el Amor aguarda tus pasos, acercándose, tu corazón, amándole, tu compañía, que hace más soportable tanta espera.

Siento una dolorosa vergüenza por mis quejas. Cada Sagrario, en su interior, es como todos los Sagrarios del mundo juntos. Miro a mi alrededor y veo a muchas personas. Son todos los que, en este momento, en todo el mundo, están acompañando a Jesús Sacramentado.

Cada uno con su cruz de dolor, tristeza, soledad, vacíos, traiciones.. Y Jesús repite, para cada uno de ellos, las palabras de la Escritura “Vengan a Mí cuando estén cansados y agobiados, que Yo los aliviaré” Mt 11,28.

Y me quedo a tu lado, en mi sitio, Madre, esperando a Jesús que se acerca. Me tomo fuerte de tu mano, para no caerme, para no decir nada torpe e inoportuno, muy habitual en mi. Y allí me quedo, y el Maestro sigue acercándose, y el perfume envuelve al alma y ahuyenta los grises humos de mis penas.
Entonces, escucho en el alma tus palabras, Madre:

- Ahora, ve a confesarte.

Sin preguntar nada, sin saber como terminará este encuentro, te hago caso Madre. Me quedo cerca del confesionario, aunque aún no ha llegado el sacerdote y la misa está por comenzar. Pero si tú lo dices, Madre, seguro lo hallaré. En ese momento llega el sacerdote. Como él no daba la misa, sino el obispo, tuve tiempo de prepararme bien para mi confesión, que me dejó el alma tranquila y sin la pesada carga de mis pecados...

Me quedo pensando en Jesús, que venía a acercándose a mí, en el Sagrario. Pero allí me doy cuenta de tu gesto, Madre querida. Tu me ofrecías algo más. Tú me ofrecías el abrazo real y concreto de Jesús en la Eucaristía, y para que mi alma estuviera en estado de gracia para responder a ese abrazo, me pediste que fuera a confesarme.

¡Gracias Madre! Gracias por amarme y cuidarme tanto... ¡Qué hermosa manera de terminar este encuentro con Jesús! ¡Con su abrazo real, bajo la forma del Pan!
La misa ha comenzado. Siento que la soledad del Sagrario es un poquito más pequeña, no mucho, pero sí mas pequeña... Y si mi compañía alivió su soledad, seguro que la tuya, amigo que lees estas líneas, también la aliviará. Y si invitas a un amigo a hacerle compañía... ¡Oh, cuanto podemos hacer disminuir la soledad de Jesús en el Sagrario!¡Cuánto puede Él, en su infinita Misericordia, colmar nuestras almas de paz!

Hay un sitio en el Sagrario que tiene tu nombre y toda la paz que ansías... y Jesús te espera, diciéndote “Ven a Mi, cuando estés cansado y agobiado, que Yo te aliviaré”

Amigo, nos encontramos en el Sagrario.

Autor: Maria Susana Ratero.
NOTA de la autora: "Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."

miércoles, 12 de septiembre de 2012

CONSTRUYE TU VIDA SEMBRANDO AMOR

Lo que siembres tu vida, eso te devolverá, así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores más bellas.
A lo largo de la historia hemos conocido grandes hombres, hombres que han dejado una huella imborrable, y que su presencia ha marcado la vida de muchas personas; me viene a la mente el Papa Juan Pablo II, ¡quién no recuerda sus palabras, sus gestos, sus miradas! todo nos reporta la presencia de Dios en su vida y cómo todo lo hizo con amor.

Tenemos la figura única e irrepetible de Cristo, que como nos dice el Evangelio "pasó haciendo el bien" (Hch 10, 38), "Él es el Camino la Verdad y la Vida" (Jn 14,6), una vida dedicada a los demás, uscando el bien humano y trascendente de cada hombre, ¡cuántos hombres que conociendo el mensaje de Jesús, se han dedicado a sembrar con amor el bien!, San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola S.I., la Madre Teresa de Calcuta. Hoy nos toca a ti y a mí, por eso te dejo este mensaje, para que lo reflexiones.

La vida es un jardín; lo que siembres en ella, eso te devolverá, así que elige semillas buenas, riégalas y con seguridad tendrás las flores más bellas.

Cada acto, cada palabra, cada sonrisa, cada mirada, es una simiente; cada una tiene en sí el poder vital y germinativo.

A menudo sembrarás llorando, pero ¿quién sabe si tu simiente no necesita del riego de tus lágrimas para que germine?

Piensa que los vientos fuertes harán que tus raíces se hagan más profundas para que tu rosal resista mejor lo que habrá de venir. Y cuando tus hojas caigan, no te lamentes; serán tu propio abono, reverdecerás y tendrás flores nuevas.

¿Rompió el alba y ha nacido el día? ¡Salúdalo y Siembra!

¿Llegó la hora cuando el sol te azota?
¡Abre tu mano y arroja la semilla!

¿Ya te envuelven las sombras porque el sol se oculta?
¡Eleva tu plegaria y Siembra! y cuando llegue el atardecer de tu vida, enfrentarás la muerte con los brazos cargados y una sonrisa de satisfacción.

CADA ACTO, CADA PALABRA, CADA SONRISA, CADA MIRADA ES UNA SIMIENTE. PROCURA SIEMPRE: "UNA SIEMBRA DE AMOR". AL FINAL DE LA VIDA, CUANDO NOS PIDAN CUENTAS, NOS PEDIRÁN CUENTAS DEL AMOR, DE LO QUE HAYAMOS HECHO POR DIOS Y POR NUESTROS HERMANOS LOS HOMBRES.
Autor: P. Dennis Doren L.C.